El Shogun no tiene quien le escriba


Tasio Ayensa Sánchez, presidente de 89 Spain

´´Habiendo podido salvaguardar y mantener el Kokutai (la política, la comunidad nacional japonesa), me siento unido a vosotros, mis buenos y leales súbditos. Por eso, os exijo que evitéis cualquier explosión de emociones que pueda desencadenar complicaciones innecesarias, o enfrentamientos que puedan desuniros, causando desorden y conduciéndoos por un camino equivocado que haría al mundo perder la confianza en vosotros. ´´

Con estas palabras, Hirohito, emperador de Japón desde 1926 hasta 1989, comunicaba en un inédito comunicado retransmitido por la radio la rendición del país, convirtiendo el 15 de agosto de 1945 en el día en el que la práctica totalidad de los japoneses escucharon al Tenno por primera vez. El impacto en la sociedad japonesa fue inconmensurable: convencidos de su victoria, portadores de una fe sin fisuras en el carácter sagrado del Emperador gracias a su caracterización como Arahitogami (un dios que es un ser humano), defensores a ultranza de la superioridad de la fuerza de la creencia sobre la técnica, los japoneses no pudieron sino ser testigos de cómo su sistema de creencias se hacía añicos por su demostrada incompatibilidad con el sistema internacional. Ese día, Japón no tuvo más remedio que romper con su trayectoria histórica, social y política y redefinirse para poder encajar en el sistema de naciones y buscar un nuevo enfoque con el que alcanzar sus metas como sociedad.

Muy probablemente, si fuera posible reunir a un japonés actual con uno de hace un siglo, ninguno de los dos consideraría al otro japonés. No hay que olvidar la idiosincrasia propia de este país y su historia nacional: Japón, durante casi toda su historia, e incluso durante la Restauración Meiji (modernización del país para no continuar en desventaja ante las potencias internacionales) experimentó una clara preeminencia de los jefes militares. Una sociedad donde el aspecto militar tenía una importancia capital, cimiento sobre el que pivotaban sus ambiciones. Convencidos de que ‘’el mundo tenía puestos los ojos en ellos’’, los japoneses mostraron una actitud expansionista, desde la invasión de Corea en 1592 hasta la de Manchuria en 1931, fruto esta última de un incipiente y virulento nacionalismo militarista que acabó colonizando la política japonesa, cuyo principal baluarte fue el ejército imperial.  Los conceptos de jerarquía, respeto y orden se encuentran muy arraigados en la cultura política japonesa, y en ellos se basó su participación en la Segunda Guerra Mundial, ya que consideraban que no existía orden en el sistema internacional y que su intervención ayudaría a jerarquizar y ordenar el sistema de naciones, ostentando ellos en el proceso un puesto preeminente en el continente asiático. Una creencia en el destino manifiesto mediante la fuerza que dejó heridas en Asia que aún se encuentran abiertas.

La rendición del país después de los trágicos bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagasaki fue el preludio de una ocupación estadounidense y de la tutela del general Mac Arthur, bajo la cual se redactó y aprobó una nueva constitución para el país. Una constitución donde la única concesión que se hizo al pueblo japonés fue el mantenimiento del Tenno como jefe de Estado, eso sí, con las funciones de un monarca constitucional, es decir, representativas y no ejecutivas. El artículo 9 de dicha constitución representa a la perfección la ruptura con el pasado japonés y la desconfianza de Estados Unidos hacia la cultura política japonesa: ‘’ (…) el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación (…), no se mantendrán en lo sucesivo fuerzas de tierra, mar o aire como tampoco otro potencial bélico. El derecho de beligerancia del estado no será reconocido.’’

En esta situación Japón recordaría sin duda las palabras del samurái Takamori Saigo: ‘’Existen dos clases de oportunidades: una que nos ofrece la suerte, otra que nos creamos nosotros mismos. En los tiempos de grandes dificultades, no debemos dejar de crear nuestra propia oportunidad.’’ Trabajando duro, como solo una sociedad que prima la comunidad ante el individuo puede hacerlo, los japoneses reconstruyeron el país y lo colocaron a la vanguardia de las naciones avanzadas en apenas medio siglo, un hito histórico facilitado por la ausencia de un abultado presupuesto militar, un sueño que durante la Restauración Meiji muchos tuvieron y nadie pudo concebir de este modo. Una verdadera victoria en la derrota que situó a Japón, país históricamente pobre, como el tercer país más rico del mundo.

No obstante, el artículo 9, la liberación presupuestaria del bozal estadounidense, se dibuja cada vez más como una grave limitación en política exterior. Lo que durante la Guerra Fría supuso un paraguas de seguridad es cada vez más un obstáculo, en una sociedad internacional definida por la multipolaridad y no por el enfrentamiento de dos superpotencias. Con vecinos como China o Corea del Norte, que basan sus reclamaciones regionales e ideológicas en la ostentación de la fuerza, Japón se encuentra cada vez más sumido en la subordinación e indefensión más allá de su capacidad de recurrir a sus aliados, dependiendo de situaciones tan incómodas para el país como la base estadounidense de Okinawa, lugar de capital importancia estratégica que los americanos se preocuparon de asegurar tras la guerra y que causa constantes conflictos entre la población japonesa y los militares allí estacionados.

En esta situación, no es de extrañar que el debate nacional que lleva fraguándose durante las dos últimas décadas en el país oriental verse sobre la necesidad de reformar el artículo 9 de la constitución de 1945. Como punto clave de la misma, y con una cultura política totalmente nueva que recela tanto de lo militar como, sobre todo, de las consecuencias de la guerra total (escenificado en las organizaciones anti-armamento nuclear), esta declaración pacifista ha sido objeto de varias reinterpretaciones, como la que llevó a cabo el Tribual Supremo japonés para permitir la creación de las Fuerzas de Autodefensa de Japón, con un claro objetivo defensivo, y de intentos de reforma por el gobierno, como el que llevó a cabo el primer ministro Shinzo Abe. Con la necesidad de marcar un perfil fuerte en esta delicada región del continente asiático, Japón se ha embarcado en cada vez más misiones internacionales, con el envío de cascos azules a Camboya o Mozambique en 1992, la participación de un contingente en Irak o en las operaciones antipiratería del Golfo de Adén. Militares japoneses que, por primera vez tras la Segunda Guerra mundial, dejan atrás su país para embarcarse en misiones internacionales y que levantan ampollas en los países que sufrieron sus ambiciones expansionistas en el pasado al mismo tiempo que animan a la élite política japonesa a continuar con la reforma del artículo 9. Solo el tiempo dirá si Japón volverá a tener unas fuerzas armadas plenas o si se mantendrá como el país que confirma la eterna paradoja de la política exterior, la dualidad inseparable de la diplomacia y lo militar, la confirmación de las bondades del pacifismo para el crecimiento interno y de la necesidad de una política militar solvente para poder definirse con seguridad en un sistema internacional ambiguo, anárquico y, a veces, irracional.

‘’El supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar’’, afirmó en su tiempo Sun Tzu. Un principio que obliga a mantener una posición de fuerza firme ante los adversarios y que, probablemente, vaticine el futuro rumbo de la constitución y la política japonesa, que, pese al nuevo enfoque pacifista que con tanta destreza ha dominado en tan poco tiempo, sigue sintiendo como los ojos del mundo están puestos en ella.

Comments are disabled.

This website uses cookies to improve performance and enhance your user experience. Review our Privacy policy to learn more. More Info

The cookie settings on this website are set to "allow cookies" to give you the best browsing experience possible. If you continue to use this website without changing your cookie settings or you click "Accept" below then you are consenting to this.

Close