Fondo Europeo hoy, integración mañana


Fotografía de Expansión.

Sofía Zambrano Álvarez

Cuando en Europa se escriben, premonitorias, las crónicas de una segunda ola de contagios de COVID-19, la Comisión Europea negocia el presupuesto 2021-2027, al que vendrá anclado el Fondo Europeo de Reconstrucción. El plan, que se volverá a discutir el próximo 17 de julio tras un rechazo inicial, fue presentado por el presidente de la Comisión, el belga Charles Michel, en un discurso cuyos matices permiten palpar la dificultad que va a suponer aprobar el proyecto este mes.

En su presentación, Michel hizo énfasis en que la decisión de acordar un presupuesto era profundamente política, y no sólo en términos discursivos. Las negociaciones que vienen teniendo lugar en Bruselas desde mayo entorno a los instrumentos financieros para mitigar la crisis, han dejado ver que la decisión sentará un precedente en cuanto al liderazgo político de la Unión, hasta ahora encaminado por el eje franco-alemán.

La polémica declaración del Ministro de Finanzas de los Países Bajos en marzo -en la que sugería investigar la gestión de la crisis de los países del Sur, y rechazaba los “coronabonos”-, fue un primer esbozo de la reticencia a la que se enfrentaría la Comisión a la hora de formular un presupuesto con el que los 27 puedan estar a bordo. Desde entonces, se ha hecho evidente que la conocida “nueva liga Hanseática” (en la que destacan Países Bajos, Suecia, Dinamarca y Austria) no se ajustará a un plan que implique mayor integración fiscal. Al contrario, como sus predecesores en el siglo XII, este bloque prefiere replegarse, lo que en este caso implica adoptar políticas monetarias y fiscales austeras antes de crear un fondo común como el que propone la Comisión para hacer frente a la recesión que atraviesa la UE, en particular los países del Sur.

Por su parte, ni Angela Merkel ni Emmanuel Macron  han cesado en sus esfuerzos por encontrar un medio aceptable para los países del Norte; tanto ellos como Pedro Sánchez, han organizado visitas a Mark Rutte -Primer Ministro de Países Bajos y líder aparente de los “hanseáticos”- para acercarlo al liderazgo Berlín-París, sin ocultar que los principales detractores de este fondo son también los más beneficiados, en términos relativos, de una Europa recuperada: en concreto, Países Bajos, Suecia y Dinamarca sitúan el 70% de sus exportaciones en el mercado interior, lo que le reporta una ganancia de más de 1.500 euros per cápita a la población neerlandesa, y de 1.680 y 1.300 per cápita a suecos y daneses respectivamente. El mismo beneficio en España reporta 590 euros por habitante.  

Sin pertenecer al mismo bloque, el Grupo de Visegrado -liderado por Hungría y Polonia- también supone un obstáculo en la consecución de una respuesta europea fuerte para solventar los estragos de la crisis. Por razones más ideológicas que netamente económicas, ni húngaros ni polacos han cesado en manifestar su rechazo al “centralismo” de Bruselas, sino que han acentuado su desprecio hacia el integracionismo en estas circunstancias. Estas condiciones no sólo entraban en conflicto con el Fondo, sino también con el camino trazado por Merkel y Macron desde el Brexit.

Aunque los “hanseáticos” no sean euroescépticos per se, su postura en la negociación del Fondo no dejará indiferente en un escenario de integración comunitaria que pende de un hilo desde hace al menos cuatro años. Un rebrote de euroescepticismo en estos tiempos entorpecería la reconstrucción financiera de la Unión Europea y asestaría otro duro golpe a la percepción ciudadana de la Comunidad, que depende mayoritariamente de las decisiones en materia económica. Ante el vacío de oposición que deja el Reino Unido en cuanto a austeridad y libre mercado se refiere, y con el debilitamiento del liderazgo franco-alemán, no es tan evidente que no se pueda producir en Bruselas un cambio de orientación para la Unión tras esta crisis.

Por lo pronto, en Bruselas, Ursula von der Leyen y Charles Michel han conseguido establecer un paquete de ayuda de 750.000 millones de euros como punto de partida para la negociación, y rechazan hablar de una Unión en bloques.

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