Haftar sobre Trípoli: las dinámicas de poder en Libia


Nicolás Palomo Hernández, secretario de 89 Spain

El 27 de abril de 2020 el general Haftar, hombre fuerte de Libia, anunció que “asumía el control político del país”. Pero ¿quién es Haftar y qué efectos tiene esta declaración? Para responder a estas preguntas debemos remontarnos casi diez años, cuando las mal llamadas “primaveras árabes” provocaron la caída de Gadafi, desestabilizando el país y provocando un caso paradigmático de Estado fallido.

En 2011 comienzan las protestas contra el coronel Muammar al-Gadaffi, que había alcanzado el poder en 1969 mediante un golpe de Estado. Se origina entonces la primera guerra civil libia, el conflicto entre las fuerzas gadafistas y sus opositores, el Congreso Nacional de Transición (CNT), que contaba con el apoyo de la ONU. Cuando Gadafi ya estaba a las puertas de la reconquista de Bengasi, se produce la intervención militar extranjera, liderada por Francia y Reino Unido. Sin embargo, dicha intervención escondía otros fines más allá de la llegada de la democracia: recursos energéticos e intereses políticos (especialmente para el entonces presidente francés Nicolas Sarkozy, que había sido acusado de financiar ilegalmente su campaña de 2007 con dinero procedente de la Libia de Gadafi). Finalmente, el régimen cayó y el dictador libio murió agónicamente a manos de milicianos opositores en su ciudad natal, Sirte, donde se había refugiado.

En 2012 se funda la nueva República de Libia, se disuelve el Consejo Nacional de Transición y se dan los primeros pasos hacia la democracia con la convocatoria de elecciones para elegir a los miembros del Congreso General de la Nación (CGN), que acabaron controlando los islamistas. Se forma así un gobierno en la capital, Trípoli (al oeste), basando su legitimidad en dicho órgano legislativo. Regresa entonces a Libia el general Jalifa Haftar, antiguo Jefe del Estado Mayor de Libia, que fue acusado de alta traición por parte de Gadafi en 1987 y que se exilió desde entonces a Estados Unidos, con cuyos servicios de inteligencia colaboró de manera asidua según diversas fuentes. En 2014, el anti-islamista Haftar y su fuerza militar, el autodenominado Ejército Nacional de Libia (ELN), ordenaron la disolución del Congreso General de la Nación. Se convocan nuevas elecciones para designar a los miembros de la Cámara de Representantes, el órgano legislativo que sustituiría al CGN. Se constituye así un nuevo gobierno al este, en Tobruk, que basa su legitimidad en la nueva Cámara de Representantes, controlado por las fuerzas de Haftar. Sin embargo, los islamistas no reconocieron dichas elecciones y decidieron no disolver el CGN y preservar un gobierno de “salvación nacional” en Trípoli, produciendo así una situación de gobierno dual en Libia y dando origen a la segunda guerra civil libia, que aún perdura en la actualidad.

Con el objetivo de ofrecer una solución al conflicto, en 2015 se firma el Acuerdo Político Libio en la localidad marroquí de Sjirat, auspiciado por la ONU. El Acuerdo Político Libio establecía un Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN), liderado por el secular Fayez al Sarraj y reconocido por la comunidad internacional; un órgano consultivo formado por los miembros del CGN de Trípoli; y un órgano legislativo formado por los miembros de la Cámara de Representantes de Tobruk. Aunque ni Trípoli ni Tobruk ratificaron el acuerdo, el GAN consiguió constituirse: tres gobiernos. Las milicias del Gobierno de Acuerdo Nacional expulsaron al Gobierno islamista “de salvación nacional”, regresando así a una nueva situación de doble gobierno en Libia: el GAN en Trípoli auspiciado por la ONU y el gobierno de Tobruk apoyado por el ELN de Haftar.

La importancia de los recursos petrolíferos en Libia, la mayoría de ellos en territorios controlados por Haftar, propician la intervención de potencias externas en el conflicto. Mientras que Turquía o Catar apoyan al Gobierno de Acuerdo Nacional en Trípoli, países como Rusia o Emiratos Árabes apoyan a las fuerzas de Haftar. Sin embargo, Francia y Estados Unidos no dudan en recalcar el anti-islamismo de Haftar. En abril de 2019 Donald Trump reconoció los esfuerzos de Haftar para luchar contra el terrorismo y para asegurar los recursos petrolíferos y declaró que compartía con el general libio “una visión para la transición de Libia a un sistema político democrático estable”.

El libio es un conflicto de gran complejidad: numerosos actores, varios centros de poder, intereses extranjeros, petróleo… Todo ello en un país ya de por sí complicado, con diferentes lealtades tribales y claramente dividido en tres regiones (Tripolitania, Fezán y Cirenaica) que solo la autocrática Yamahiriya de Gadafi conseguía mantener unidas. La ofensiva de Haftar sobre Trípoli ha sido criticada por la comunidad internacional, sin embargo, las declaraciones del general son otra demostración más de su rechazo al Acuerdo Político Libio de 2015. El anuncio unilateral de Haftar por el que declara asumir el “control político del país” es una declaración expresa de sus pretensiones: derrocar al Gobierno de Acuerdo Nacional de Trípoli auspiciado por la ONU y unificar todo el territorio bajo un mismo centro de poder.

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