Jornada laboral de 4 días: cuando soñar deja de ser gratis


Fotografía de YouTube

Claudia Gallego Ariño

Una mañana de febrero, pocos días antes de que el virus llegase a Madrid, recuerdo que un amigo me dijo: “huele a cambio”. Percibí un intenso olor a quemado, y él apareció con una pícara sonrisa, con un par de rebanadas de pan chamuscadas. En aquel entonces no pude siquiera imaginar que aquellas tostadas quemadas serían clave para entender cómo todo aquello que dábamos por hecho iba a desaparecer de manera repentina. Tuvo que venir una pandemia mundial para evidenciar que andábamos viviendo en estructuras carbonizadas: necesitábamos una lluvia torrencial de ideas para poder resurgir de nuestras anquilosadas cenizas.

Efectivamente, las cosas han ido cambiando, hasta el punto en que incluso aquello de “soñar es gratis” ha dejado de ser cierto. Los pequeños logros que hemos conseguido han empezado a costar tiempo – infinitos debates e investigaciones – y recursos – grandes esfuerzos económicos por parte de gobiernos y organizaciones nacionales y supranacionales-. Lo que antaño sonaba a utopía (pasar más tiempo con la familia, valorar lo rutinario, contemplar un planeta más limpio, reconocer el esfuerzo de muchas trabajadoras “invisibles” etc.) resultó estar más cerca de lo que pensábamos. O si no, que se lo digan a Larra. Estaría estupefacto al ver cómo se está transformando la administración hacia un modelo cada vez más digitalizado. Quizás el “vuelva usted mañana” pierda totalmente el significado para generaciones futuras, quienes tendrán que lidiar con la burocracia a través de DNI digital y firmas electrónicas. Probablemente el teletrabajo se instaure como norma en muchas empresas y las inmensas colas de coches a las 8 de la mañana acaben también por desaparecer. E incluso puede que, ahora que hemos tenido tiempo para pensar y recapacitar sobre lo bueno, lo malo, y lo mejorable, consigamos subir un peldaño más en bienestar y solventemos el aún presente problema de las inacabables jornadas laborales.

Ahora que vivimos un panorama de paro creciente y estancamiento de la productividad, es tiempo de abordar uno de los grandes debates laborales de los últimos tiempos: la jornada laboral de cuatro días. Además del teletrabajo, que ha llegado para quedarse en buena parte de las empresas, los expertos prevén que la semana de cuatro días laborales y tres de libranza se acabe imponiendo a medio plazo. Esta teoría, tan atractiva como controvertida, se ha discutido estos últimos días en Alemania, ya que fue propuesta por el mayor sindicato sectorial de Alemania y Europa (IG Metall) con el fin de proteger los puestos de trabajo de las personas en medio de una recesión económica. Tal y como avanzó el presidente del sindicato (Jörg Hofmann) al periódico alemán Süddeutsche Zeitung, el objetivo sería adaptar el volumen de horas de trabajo a la reducción de la producción provocada por la crisis de demanda en muchos sectores sin tener que reducir proporcionalmente la masa laboral, algo que perjudica tanto a los empleados afectados como a las empresas (que pierden capital humano).

Sin embargo, la propuesta ha tenido una acogida desigual. En el terreno político, mientras Die Linke (La Izquierda) y el ministro de Trabajo socialdemócrata Hebertus Heil la aplauden, la patronal ha mostrado su oposición. Además, entre los investigadores también hay una división izquierda-derecha. El experto en mercado laboral del liberal Instituto de la Economía Alemana (IW), Holger Schäfer, lo calificó de “peligroso sin sentido”; y Marcel Fratzscher, presidente del Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW), de posiciones socialdemócratas, se mostró a favor de la semana de cuatro días y de una mayor flexibilización de los horarios de trabajo.

¿Por qué tanta polémica entorno a una idea que materializa aquel ideal de vivir más y trabajar menos? Para salir de dudas, cabe indagar en las virtudes y desventajas de esta medida.

Uno de los principales motivos a favor, desde el punto de vista de los Recursos Humanos, es la es la conciliación familiar, pues las trabajadoras tendrían más tiempo para su ocio y su familia y esto haría que aumentase el rendimiento de la empresa.  Por otro lado, la reducción de la jornada laboral podría incluso beneficiar económicamente a las empresas, ya que supondría reducir los costes en atención médica e incluso fomentar la contratación de más empleadas, aumentando significativamente los niveles de empleo del país. Además, también sería beneficioso para el medioambiente y la salud de las personas, dado que se reducirían los traslados en transporte propio o público (donde se producen aglomeraciones) y se rebajaría el consumo de energía utilizada y también los contagios por el virus. De hecho, una encuesta realizada por Henley Business School en Reino Unido a 2.000 empleados y 500 empresarios se extrae que el 77% de los trabajadores observan un vínculo claro entre una semana de cuatro días y una mejor calidad de vida personal.

Por otro lado, no cabe olvidar que el hecho de que una o varias empresas solo trabajen durante cuatro díasno significa que todas quieran acceder, lo que supondría un potencial riesgo de pérdida de competitividad para las pioneras. Cabe añadir también que las empresas deberían estar dispuestas a pagar a sus empleados el mismo sueldo que si trabajaran cinco días semanales, algo de lo que algunos empresarios discrepan. Por último, la elección de esta jornada laboral depende, en la mayoría de los casos, de la naturaleza del trabajo. Por ejemplo, un diario digital puede ofrecer un horario más flexible que un supermercado. En este sentido, la senior manager de PeopleMatters explica que «podría ser viable en empresas o sectores concretos, pero no es generalizable a todos y, más en España donde el sector servicios tiene un peso muy elevado».

En la praxis, existen cada vez más países que se posicionan a favor de esta medida. La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, planteó la posibilidad de introducir en su país la semana laboral de cuatro días para aumentar el tiempo libre y reactivar el consumo y la economía tras el confinamiento. También se ha sumado la principal patronal de Japón, Keidaren, y dentro de España, la sección industrial de UGT ha propuesto el establecimiento de una jornada de 32 horas semanales repartidas en cuatro días para afrontar el nuevo escenario que se abre en el sector del automóvil. Por no hablar de la positiva acogida en diversas empresas como Elektra, Perpetual Guardian, y Software Delsol (pionera en España), las cuales han experimentado a raíz de esta medida no solamente un aumento de productividad, sino un mayor compromiso por parte de los trabajadores.

En definitiva, está claro que la pandemia del coronavirus ha cambiado la mentalidad de la sociedad en conjunto y de los empresarios en concreto. Ha puesto de manifiesto que muchas empresas estaban de facto preparadas para el teletrabajo y las que no, no han tenido otro remedio que adaptarse. Lo mismo es presumible que suceda con la jornada laboral de 4 días. Para José Canseco, profesor de RRHH en EAE Business School, este paradigma «es una evolución natural del mercado de trabajo». Así como hace 100 años la norma era trabajar una cantidad ingente de horas, y poco a poco, se ha ido cambiando gracias a la lucha por la mejora de nuestras condiciones de vida, no resulta disparatado pensar que estemos caminando hacia una sociedad que no viva para trabajar, sino que trabaje para vivir.

Comments are disabled.

This website uses cookies to improve performance and enhance your user experience. Review our Privacy policy to learn more. More Info

The cookie settings on this website are set to "allow cookies" to give you the best browsing experience possible. If you continue to use this website without changing your cookie settings or you click "Accept" below then you are consenting to this.

Close