La Comisión Europea hace política: cambios, irresponsabilidades y liderazgos en pandemia


Imagen de Euronews

Jimena de Diego Gutiérrez

El Comisario Europeo de Comercio, Phil Hogan, renunció a su puesto el pasado 26 de agosto tras el escándalo conocido como ‘Golfgate’. Hogan, que estaba al mando de las negociaciones de libre comercio con Reino Unido, tuvo que dimitir por la presión del Gobierno irlandés tras haberse confirmado su asistencia a una cena organizada por el club de golf Oireachtas (Parlamento irlandés). La cita, en la cual se contabilizó un mínimo de 80 invitados, se celebró a pesar de las restricciones a los eventos multitudinarios e ignorando el importante repunte de casos en la República irlandesa de las últimas semanas.

El ahora excomisario tuvo que presentar explicaciones de inmediato ante la Comisión. En una carta enviada a Ursula Von der Leyen, Hogan se disculpó reconociendo su imprudente comportamiento, aunque dejó caer que en estos casos la responsabilidad recae sobre los organizadores del evento y no tanto sobre los asistentes. Sin duda, una afirmación cuestionable, puesto que la responsabilidad colectiva depende, como su propio nombre indica, de todos los ciudadanos en su conjunto.

No obstante, la asistencia a este evento no era la única polémica que le rodeaba: el antiguo alto cargo no respetó la obligada cuarentena de catorce días al aterrizar en Irlanda, que no figura entre los llamados países “verdes” o exentos del aislamiento, y fue detenido por la policía local por utilizar el móvil al volante.

La necesidad de cooperación a nivel global para frenar la propagación del Covid-19 ha sido un mensaje repetido hasta la saciedad desde el inicio de la pandemia; sin embargo, todavía hay quienes creen firmemente que su condición puede servirles como protección ante el nuevo coronavirus. Este tipo de comportamientos solo contribuyen a reafirmar la idea de que no existen cuarentenas ni restricciones para aquellos que están en el poder, cuando precisamente su situación acomodada tendría que facilitarles la tarea de cumplir con las medidas de distanciamiento social.

Después de que el ‘Golfgate’ saliera a la luz y menos de dos semanas después de la dimisión pública de Hogan, la Comisión ya había encontrado al sustituto perfecto. El pasado 8 de septiembre se anunciaba el nombramiento del letón Valdis Dombrovskis, quien seguirá ejerciendo de vicepresidente económico y estará a cargo de las relaciones con el Eurogrupo. Aprovechando el cambio, Von der Leyen nombró también a Mairead McGuinness- hasta ahora vicepresidenta de la Eurocámara- al frente de la cartera de Servicios Financieros, Estabilidad Financiera y Unión de Mercados de Capitales.

Von der Leyen señaló que McGuiness, conservadora y periodista, era también una candidata ideal por su amplia experiencia política en la UE. Además, su llegada al Ejecutivo de la Comisión constituía un paso adelante hacia la promesa de la presidenta de configurar un equipo paritario, que actualmente cuenta con 14 hombres y 13 mujeres, contando con la presidenta.

De esta forma, Irlanda se libraba de las responsabilidades de Comercio ocupadas por su antecesor, Phil Hogan, perdiendo así una pieza clave para sus intereses dentro de las negociaciones sobre la futura relación de la UE y el Reino Unido. Aún así, hay que tener en cuenta que el país sigue teniendo una representación en los organismos europeos muy por encima de su población y de su influencia dentro de la Unión. Sin ir más lejos, el presidente del Eurogrupo, Paschal Donohoe, inesperado vencedor en su contienda con Nadia Calviño; y el economista del Banco Central Europeo, Philip Lane, son ambos irlandeses.

Esta nueva configuración de la Comisión se ha producido en un tenso momento en el que se juntan las negociaciones con el Reino Unido en la etapa post- Brexit, las tensiones comerciales con Estados Unidos y China, y el desafío de establecer nuevos acuerdos con Brasil y otros países de Mercosur. Por suerte, el relevo se ha producido más rápido de lo esperado, lo que le ha permitido a la institución recuperar su ritmo habitual de trabajo en pocos días. Además, la dimisión de Hogan también ha sido una forma de generar confianza en el gobierno por parte de los ciudadanos comunitarios, quienes han condenado esta actitud muy duramente.

El coronavirus no entiende de clases sociales: en tiempos de pandemia, cualquier comportamiento mínimamente irresponsable por parte de un solo ciudadano puede poner en peligro la salud de cientos de personas. Por supuesto, todos aquellos que se encuentren en el centro del ojo público deben hacer todo lo que esté en su mano para crear conciencia de responsabilidad colectiva. Ahora más que nunca, el sentimiento de compromiso con la comunidad es uno de los atributos más valorados en una figura política, junto a la transparencia o la empatía.

Este tipo de conductas destruyen completamente la confianza de los ciudadanos en las instituciones europeas y ponen en cuestión el papel adoptado por la Unión Europea durante la pandemia. ¿Cómo podemos fiarnos de una comunidad que dice protegernos y mirar por nuestra salud en un momento tan delicado cuando ni siquiera sus propios gobernantes cumplen con las obligaciones más básicas?

Lo que está claro que el ‘Golfgate’ es otro caso más de violación de las normas sanitarias por parte de personas que utilizan su privilegio profesional o personal como justificación. Este caso puede servir como llamada de atención, tanto a nivel interno como externo, sobre la necesidad de “resetear” a los políticos. Ahora más que nunca, es imprescindible apostar por líderes que den una imagen de compromiso y solidaridad con la sociedad, que influyan positivamente en los ciudadanos y que sean capaces de dejar de lado actividades innecesarias hasta que la situación epidemiológica mejore, tal y como se nos ha impuesto a todos los demás.

No es de extrañar que Fernando Simón solicitara ayuda a los ‘influencers’ para hacer calar la importancia del cumplimiento de las medidas de seguridad, sobre todo, entre los más jóvenes. Sí, se trata de personajes que, en muchos casos, cuentan con cierto privilegio; sí, también pueden comportarse de forma totalmente irresponsable, pero suelen generar mucha más simpatía e interés en la población que muchos de los políticos.

Los dirigentes no son ‘influencers’ al uso, pero podrían serlo, en cierto modo. Si hay algo que triunfa entre los seguidores de los creadores de contenido digital es la humildad, la dualidad de las personas cercanas, con los pies en la tierra, pero con capacidad de influir positivamente en comunidades enteras.

Por tanto, un político en pleno 2020 debería ser tal cual: una persona con aptitudes de liderazgo, con capacidad de influir y con conciencia para cumplir con las nuevas obligaciones que la pandemia ha impuesto, tal y como lo haría cualquier otro ciudadano. Evidentemente, este ideal todavía dista mucho de la realidad, y todavía no hay demasiadas figuras políticas que se ajusten a esta descripción, que ahora mismo se antoja completamente utópica.

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