La muda expansión europea hacia Asia: el Acuerdo de libre comercio entre la UE y Vietnam


Fotografía de Cámara de Zaragoza

Tasio Ayensa Sánchez, presidente de 89 Spain

Tras su firma por los Estados miembros de la Unión Europea en julio de 2019 y su aprobación por el Parlamento Europeo en febrero de este año, el pasado día 1 de agosto entró en vigor el Acuerdo Comercial entre la UE y Vietnam. Este acuerdo no solo facilitará el comercio entre la Unión Europea y su segundo mayor socio comercial dentro de ASEAN tras Singapur (con un comercio por valor de casi 49.500 millones de euros en 2019), sino que también supone un gran avance para el país asiático, al incorporar diferentes acuerdos que beneficiarán su desarrollo al mismo tiempo que establece unos plazos de cumplimiento muy favorables para las reducciones de las tarifas sobre las importaciones europeas (eliminando el 99% de dichos impuestos en un plazo máximo de 10 años).

En este sentido destacan el compromiso con el medio ambiente presente en las negociaciones y en el documento final, las disposiciones vinculantes jurídicamente en materia de desarrollo sostenible, o los derechos laborales incluidos en el acuerdo, así como el compromiso para evitar que exista una competición a la baja respecto a la regulación para atraer futuras inversiones. Disposiciones todas ellas que reflejan ese interés europeo que ronda lo idealista y modernizador desde lo que, quizás, pueda interpretarse como un vestigio del paternalismo europeo, pero que tan necesarias son desde el punto de vista de la sociedad internacional. Un conjunto de cláusulas que, además, refuerzan la imagen de la UE como actor internacional, preocupado por dichas cuestiones y alejado del hard power que tan en boga parece encontrarse hoy en día.

Por otra parte, el acuerdo permitirá a las empresas europeas invertir y licitar para contratos públicos en Vietnam, lo que supondrá la creación de puestos de trabajo que ayudarán en la recuperación de las economías europeas, dañadas debido a la crisis que está suponiendo el coronavirus y tan necesitadas de cualquier válvula de escape internacional que ayude a superar la asfixiante realidad de los mercados nacionales, inmersos en un ejercicio económico tan fuera de lo común como complicado.

Aunque a primera vista pueda parecer ser más favorable para Vietnam, este acuerdo supone un avance cualitativo de similar importancia para los mercados y aspiraciones de los firmantes. Por un lado, el país asiático obtiene unas envidiables condiciones de libre mercado para sus exportaciones, principalmente productos textiles, café, arroz o productos electrónicos, a uno de los mayores bloques comerciales del mundo. Además, contará con un plazo respetable de asimilación de las condiciones bidireccionales de libre mercado, gracias a los mencionados plazos para la eliminación de las tarifas a las importaciones vietnamitas. De esta forma, Vietnam firma un acuerdo favorable comercialmente que sin duda aportará al crecimiento y la prosperidad del país.

 Por otro lado, la Unión Europea consigue con esta firma la eliminación de las tarifas sobre sus exportaciones, principalmente alta tecnología y productos farmacéuticos, con uno de sus mayores socios asiáticos (que, en algunos casos, como con los automóviles, podían llegar a suponer un aumento del 78% de coste, lo que constreñía enormemente las exportaciones europeas), aunque gran parte de los beneficios que obtiene del acuerdo se encuentran encuadrables dentro de la política y la imagen exterior de la UE. De esta forma, mediante la inclusión de cláusulas sobre el medio ambiente o derechos laborales, la UE se perfila como una ayuda al desarrollo al mismo tiempo que como un guía internacional, que trabaja por una sociedad internacional más justa y respetuosa. Imagen que queda reflejada en las palabras del Comisario de Comercio, Phil Hogan: ‘‘(el acuerdo) contribuirá a la recuperación tras la crisis del coronavirus, pero al mismo tiempo demuestra que la política comercial puede ser una fuerza positiva. Vietnam ha hecho grandes avances (…) gracias a nuestras conversaciones comerciales y confío en que seguirá impulsando las reformas más necesarias.’’

Este acuerdo se suma a los ya existentes con Japón y la República de Corea, que cuentan también con sendas cláusulas sobre medio ambiente y derechos laborales, y que no solo promueven la exportación de bienes y servicios, sino también de la imagen de la propia UE.  ¿Nos encontramos frente una nueva respuesta de la UE ante el aparente giro del centro de gravedad de la sociedad internacional hacia Asia? ¿Conseguirá la UE plasmar con eficacia una política exterior, economía mediante, fuertemente basada en el soft power en una zona cada vez más conflictiva y estratégica?

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