Los problemas de la polarización política


Jaime Pérez Terol

El Covid-19 ha llegado para cambiar nuestra sociedad y vidas cotidianas, teniendo un gran impacto en diferentes ámbitos de estas. Primero y más importante, ha demostrado que el sistema sanitario de ningún país, u organización, del mundo estaba realmente preparado para una pandemia de tal calibre.

A parte de este efecto devastador en los diferentes sistemas sanitarios, el Covid-19 también ha afectado sobremanera a otras áreas. En el ámbito social, por ejemplo, las relaciones interpersonales han cambiado radicalmente en un periodo de tiempo realmente corto. Hemos pasado de besar y abrazar a todo el mundo, conocido o desconocido, a mirar con desconfianza a nuestros vecinos mientras nos alejamos. Algo que en España es difícil de creer.

Pero el efecto que más preocupa, a parte del sanitario, es el político. En España, por ejemplo, es observable ya desde 2015, con la entrada de Podemos en el Congreso como tercera fuerza política, un cambio evidente en el panorama político. En estas mismas elecciones, Ciudadanos también da el salto a la política nacional, consiguiendo unos resultados prometedores para el centro político en España. Con esto se produce el fin del bipartidismo en España después de 40 años de este, que se acentúa en 2019 con la fuerte irrupción de VOX en el Congreso.

El fin de este bipartidismo ha tenido efectos positivos en la sociedad, como el mayor interés que ha despertado en la ciudadanía por la política, de acuerdo con los datos del CIS. Este efecto se ha visto especialmente entre los jóvenes, en 2005 sólo un 24,1% estaba “muy interesado” o “bastante interesado” en la política, mientras que, en 2019, lo fue un 34,2%. A su vez, también ha tenido efectos negativos, como la inestabilidad política y un incremento de la polarización política, cristalizada en un crecimiento electoral de los extremos, Podemos y VOX, así como en la degradación del único partido importante presentado como centro político, Ciudadanos, que pasó de 57 a 10 escaños en menos de un año.

Un movimiento parecido, pero con características diferenciadoras importantes ha sucedido en muchos otros países de Europa y del resto del mundo occidental. Por un lado, es parecido porque se trata de una polarización política generada por ciertos factores comunes, como las crisis económicas y la importancia que se le vuelve a dar al estado nación frente al movimiento globalizador y los proyectos de integración. Esta estrategia electoral de “primero nosotros” (con todo lo que esto conlleva, antiinmigración, independencia, etc.), ha sido la utilizada, con sorprendentes resultados, en las campañas de la extrema derecha en diversos países. Algunos ejemplos son Donald Trump en EE. UU., Jair Bolsonaro en Brasil, Mateusz Morawiecki en Polonia, Viktor Orban en Hungría o Salvini en Italia, entre otros.

Por otro lado, es también diferente por sus resultados. En España, con cierta similitud a lo sucedido en Italia con el M5S y La Lega, esta polarización política, y el consecuente crecimiento de los extremos, ha creado una inestabilidad política que ha acabado con un gobierno de coalición. Sin embargo, la tendencia en el resto de los países occidentales donde se ha acrecentado esta división política es la contraria, produciéndose un crecimiento muy dispar entre la extrema izquierda y la derecha, la cual crece con mayor fuerza.

Esto nos lleva a preguntarnos qué significa, y qué efectos tiene la polarización política en la sociedad. Pues bien, se trata de la división del espectro político en extremos o bloques completamente enfrentados, donde no hay prácticamente ninguna posibilidad de pacto o sinergia, convirtiéndose en un juego de suma negativa. Esto, en términos políticos, nos conduce a una situación de inmovilismo que refuerza el extremismo, tornándose en un círculo vicioso. Esto se ve claramente reflejado en los parlamentos nacionales. Por ejemplo, en el caso del Congreso de los Diputados en España, el Gobierno actual es el primero de coalición en la historia de la democracia española, como he señalado anteriormente. Esto podría significar un relajamiento de esta polarización, pero, si se analiza la composición de esta cámara, se observa una fuerte distinción entre bloques bien definidos. Bloques que se cierran al dialogo y a la cooperación, buscando votos en la confrontación vulgar y vacía tanto en la cámara baja como en redes sociales, mientras ya es el 45,3% de los españoles lo que sitúan la política y los políticos como el principal problema de España, según los últimos datos del CIS, cifra nunca alcanzada antes.

Un estudio realizado por la Asociación de Ciencias Políticas del Medio Oestemuestra a España como el país europeo más polarizado políticamente, por encima de países como Grecia, Austria e incluso Estados Unidos. Una investigación complementaria realizada por Hernan Winkler, economista del Banco Mundial, señala la desigualdad en los ingresos como causa importante de la polarización política. Y es que España es uno de los países europeos con mayor desigualdad de ingresos según un informe presentado por Fundación La Caixa, titulado: “Los efectos redistributivos de las prestaciones sociales y los impuestos: un estado de la cuestión”.

Esta polarización política, que va íntimamente relacionada con una similar polarización social, se ha visto intensificada debido a la pandemia actual. Desde el comienzo de esta es evidente como la oposición, formada principalmente por el PP y VOX, ha intentado desacreditar tanto al Gobierno como a cualquier persona que se pudiese relacionar con este, como Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias desde 2012.

Este intento de dañar el Gobierno de coalición a toda costa ha quedado patente en la negociación de los Jefes de Gobierno y/o de Estado de los 27 Estados Miembro sobre el Fondo de Recuperación de 750.000 millones de euros, llamado “Próxima Generación UE”. Durante esta negociación europea, especialmente dura debida a la actitud de los frugales (Austria, Países Bajos, Dinamarca y Suecia), el PP, mediante declaraciones, ha apoyado en cierta medida la condicionalidad de los fondos exigida por estos países, elevando al plano europeo sus esfuerzos por erosionar el Gobierno español. De esta manera, representantes del PP han hecho declaraciones que daban alas a los frugales, como por ejemplo Dolors Montserrat, líder de la delegación del PP en la Eurocámara, que afirmaba que “la solidaridad de Europa no es un cheque en blanco ni para el gobernante de turno ni para los caprichos comunistas de Iglesias”. Por su parte, Pablo Casado, declaraba que Sánchez iba “sin los deberes hechos” a Europa, mientras desde el PSOE lamentaban no recibir todo el apoyo de la oposición en un tema de tal importancia para el país.

Una vez firmado el pacto, el PP ha reaccionado y ha celebrado el “buen acuerdo”, aunque lejos de aprobar el papel del Gobierno, Pablo Casado ha decidido atribuir el mérito del mismo a su propio partido. VOX, en cambio, a través de Rocío Monasterio, ha tachado este pacto de “rescate europeo” y de “imposición de la dictadura 2030”.

Esta polarización que se observa en España no es autóctona de nuestro país, sino que, como he comentado anteriormente, hay una corriente similar en otros países de Europa y del resto del mundo. En la Unión Europea esta polarización ha ido igualmente in crescendo, siendo en las instituciones europeas cada vez más difícil y tedioso llegar a acuerdos debido a la falta de diálogo de algunos Estados Miembro. Esto fue visible en 2019 en las negociaciones sobre la presidencia de la Comisión Europea, cuando el grupo de Visegrado (compuesto por Eslovaquia, Hungría, Polonia y la República Checa) se cerraron en banda al candidato socialista Timmermans. Más recientemente, esta situación ha sido igualmente palpable en el interminable debate sobre el Pacto de Recuperación, donde el bloque de los frugales se negaba plenamente a la mutualización de la deuda. A pesar de esto, y tras un duro esfuerzo en el Consejo Europeo más largo de la historia, la Unión ha sabido aprovechar esta oportunidad histórica que concluyó con un acuerdo beneficioso para el conjunto de esta, así como para sus valores y principios.

Esto significa un soplo de aire fresco para la política europea en un momento de suma importancia. A pesar de esto, habrá que esperar para ver cómo se desarrolla este pacto, y si se pone en marcha el freno de emergencia, para poder asegurar que la Unión Europea ha vuelto a su rumbo integrador, social y solidario del que empezó a desviarse en 2015, debido fundamentalmente a la crisis de los refugiados y al Brexit, posteriormente. En la esfera nacional, por otra parte, no parece que la polarización política vaya a disminuir a corto o medio plazo, ya que la dialéctica izquierda/derecha sigue congelando la política, mientras nadie parece interesado en salir de esta dinámica.

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