Maastricht, Europa, un Califa


Carta del director del Boletín 89, David Rodas Martín

¿Era la Córdoba califal una capital europea? De la respuesta dada a esta pregunta depende la Europa en que en realidad se cree. La Europa netamente cristiana (y, a ratos, netamente protestante), de raza blanca, preferiblemente del norte, con vetas calvinistas y obsesivamente atlantista; o la Europa mestiza, la que se entiende también mediterránea, que supo de almohades, otomanos, Omeyas y judíos, que mira a oriente y a occidente. Es, también, un debate doméstico. ¿Era la Córdoba califal una capital española? Son preguntas pantanosas, porque vienen a remover los cimientos de identidades consideradas fijas y que, en realidad, siempre están en proceso de construcción: son un campo más de batalla, un símbolo humano más por el que pelear.

            Estas identidades, símbolos construidos durante siglos a fuerza de cuentos, de historias, de guerras ganadas y perdidas, de crisis perdidas y ganadas; ocultan, además, formas prácticas de proceder ante la realidad. No es lo mismo construir una Unión Europea con vocación atlantista y exclusivamente centroeuropea, que una Unión Europea mestiza, con una posición geopolítica propia que beba de las diferentes almas de los estados, del centro y del este, y del sur, que la componen. No es lo mismo superar una crisis con las tesis de Lutero y Calvino en la mano que con las bulas papales o las aleyas del Corán. No es lo mismo contención que gasto. Hasta ahora, por lo menos, las tesis atlantistas-protestantes-ordoliberales se han impuesto. De esto, la ciudadanía europea del sur tomó conciencia en 2008 y, de nuevo, en 2020, cuando se ha visto sacudida por dos crisis económicas que han hecho y harán, previsiblemente, temblar su economía.

            Sin embargo, en los salones de Córdoba, un Califa que a la primera pregunta hubiera contestado con un sí rotundo, vino avisando de esta derrota identitaria, simbólica, desde los años 90. Cuando las ciudadanías del sur eran seducidas por el modelo desindustrializado de la construcción y el turismo, cuando los fondos europeos hacían florecer infraestructuras mientras se tejían las urdimbres de una UE menos democrática en los pasillos de Bruselas, Julio Anguita, un Califa, avisaba, doctrinal, de que Maastricht, la moneda única sin homogeneidad fiscal, y sus consecuencias (vistas en 2008) serían devastadoras. Hoy, que Europa ha perdido a su Califa, sirva este texto para remover conciencias, para no dar las cosas por sentadas, para luchar, palmo a palmo, por una UE que puede llegar a ser tan del sur como del norte, tan democrática como la ciudadanía luche por que sea, tan califal como imperial. No es quimera, es utopía; no es camelo, sino rebeldía basada en el estudio. La Córdoba califal era una ciudad europea, y Europa se mereció tal Califa.

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